viernes, 19 de febrero de 2016

"EN MEMORIA DE CLEMENTE" "EL REMOJÓN"

OLULA DEL RÍO
Comarca

Olula del Río: OBITUARIO
“A Clemente “El Remojón”, in memoriam”

Diario de Almería
Paco Gregorio
31 de Enero de 2.016

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“La vida es ingrata”, le espetó Clemente a su hijo menor Alberto mientras veía que se le iba de las manos. A sus 60 años él más que nadie sabía cuán desgraciada podía ser tras tres décadas de abnegación y esfuerzo por levantar la empresa familiar que junto a su hermano Joaquín les permitió proporcionarles a sus hijos la mejor educación posible.
Los hermanos Rubio Lorenzo, los “Remojones” de Olula, habían llevado a la prosperidad un pequeño negocio de maderas en el corazón de la Comarca del Mármol. Clemente, el mayor de los dos, era el pilar de una casa en la que nunca me sentí extraño y siempre disfruté de su conversación pausada, a veces apasionada y otras tantas analítica, desgajando con clínico ojo de emprendedor nato los avatares de esta sociedad.
Era apenas “un coco” cuando de la mano de su hijo Sergio, mi mejor amigo (de los que ya no se encuentran en los colegios), descubrí esa figura venerable y respetable de persona íntegra y cabal, esforzado trabajador para el que no existían sábados, domingos ni festivos.
Ir en busca de Sergio era pasar un rato placentero compartiendo opiniones con Clemente mientras Reme, su mujer (¡Qué mujer!), me espetaba solícita el habitual “Paco, ¿quieres un café o un dulce?”. Allí, en torno a esa mesa camilla de la calle Mármol, aprendí cosas de la vida que sólo un padre puede enseñar, luego trasladados a la residencia de la Urbanización Europa que se hizo a capricho con el sudor de su frente.
Lo vi por última vez en el mes de julio en la puerta de la sede de Correos, antes de que enfermase de gravedad, quejándose del calor asfixiante del cruento verano de 2.015. En diciembre, por teléfono, me describió la enorme ilusión que le despertaba ver corretear por la casa a su nieta Sophie, fruto del matrimonio de Sergio con Iwona.
En la madrugada del miércoles al jueves abrazaba el sueño de los justos. Alberto, llóralo, pero no sufras, porque como dejó escrito Benedetti, “la muerte no es más que una vida vivida”



Juan Sánchez-FEBRERO-2.016
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