martes, 12 de enero de 2016

"SUCEDIÓ EN UN PEQUEÑO PUEBLO ANDALUZ"

OLULA DEL RÍO
Comarca

“Sucedió en un pequeño pueblo andaluz”


Cuentan los anales de un pequeño pueblo andaluz, cuyo nombre prefiero silenciar, un curioso y extraño suceso.
Coincidiendo con la llegada de un apuesto y guapo médico que se hacía llamar Don Emilio, el estado de salud de las mujeres más lozanas sufrió un súbito deterioro. Raras enfermedades, sin manifestaciones físicas aparentes, empezaron a afectarles sin distinción entre solteras y casadas.
Día a día, el dispensario se abarrotaba de enfermas que lucían sus vestidos de domingo. La situación llegó a ser tan grave que se tuvo que limitar el número de consultas diarias.
Según se recoge en las crónicas de la época todas las pacientes alababan el talento que profesaba Don Emilio para la medicina. También les causaba admiración sus profundos reconocimientos de anatomía. Sin embargo, un efecto secundario de sus tratamientos les impedía cumplir con asiduidad con sus deberes conyugales. Se detallaba que esta circunstancia creó un malestar entre los hombres del pueblo quienes notaban que su medicina tuviera en ellos el efecto beneficioso que predicaban sus mujeres.
Se explica en las crónicas que, de la misma manera que empezaron a enfermar, se curaron. Parece ser que ocurrió de manera repentina, a partir de la extraña desaparición de Don Emilio. Según los testimonios nadie supo el motivo ni las circunstancias. Se dice que su casa amaneció un buen día con la puerta abierta. En el interior se encontraron todas las pertenencias del doctor; tanto su ropa, como los demás efectos personales, incluidos los útiles de su profesión. Las investigaciones posteriores no arrojaron luz sobre el asunto. No obstante, por aquellas mismas fechas, se ha datado el nacimiento de una leyenda popular en los pueblos vecinos que narra como, una noche, se apareció un espectro con forma de hombre desnudo que, corriendo como alma que lleva el diablo, cruzó toda la sierra al grito de “¡me quieren escopetear!”.
Sea como fuere, lo cierto es que, desde aquel día, las mujeres dejaron de enfermar y volvieron a cumplir con sus maridos.
Poco tiempo después, coincidiendo con la llegada del joven y atractivo párroco Don Sebastian, un repentino fervor religioso creció en ellas. Se apunta que tanta era la necesidad que tenían de purificar sus almas, y tanta la misericordia del cura, que las visitas al confesionario podían alargarse toda la tarde. Pero esa es otra historia.
P.D.-Explica David Rubio (el autor), que sus orígenes son de Almería, en la zona del Alto Almanzora, cerca de…Ay casi se me escapa. La historia es ficticia pero la figura del médico o del cura fue muy importante en esos pequeños pueblos de Almería que conozco. Eran respetados como autoridades, si bien se les veía como ajenos al pueblo y solían estar envueltos en chismes. Este verano estuve en Sierro, ese pueblecito de casas blancas, y escuchando apunté varias historias que espero tener la gracia de contarlas algún día. Oh! desvelé el nombre del pueblo. Un abrazo.


Juan Sánchez-ENERO-2.016

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