lunes, 24 de agosto de 2015

COBDAR: "Filomena"

OLULA DEL RÍO
Comarca

Cobdar:
“FILOMENA”

• Tenía el espíritu de las mujeres renacentistas. Llegó a ser partera de más de treinta pueblos cuando tuvo que emigrar al “Valle de Arán” con su marido, Domingo Martínez, un combatiente en la Guerra. Al volver, se dedicó a rehabilitar las casas ruinosas de Cobdar para dedicarlas al turismo rural.


LA VOZ DE ALMERÍA
Manuel León
15 de agosto de 2.015


En una pequeña casa de Cobdar, abrazada por los Filabres, habita el espíritu de una mujer renacentista del Siglo XXI. Esta émula de Leonardo, Filomena Sánchez Almansa, que dejó este mundo con más de 87 años en el costillar. Tenía aún el brillo en los ojos de los empresarios y se dedicaba a rehabilitar casas ruinosas del pueblo para el turismo rural. Más de veinte arregló y las vendía a cambio de una comisión. Gracias a su labor; este pueblo que se moría de viejo ha cogido aire.
Además de la actividad inmobiliaria, Filomena -Filo para sus vecinos- se dedicaba también a la elaboración artesanal de turrón de almendras, el más genuino, aseguran, de toda la Comarca del Mármol.
Antes, esta emprendedora rural también fue partera con 30 pueblos a su cargo en el Valle de Arán, cuando emigró con su marido después de la Guerra. Trabajó también de guardesa, de camarera de hoteles en Francia y en el Parque de Atracciones de Barcelona.
Pero lo que más tiempo le ocupó en los últimos años de vida fue su labor como escritora de cuentos de las costumbres populares de sus antepasados con títulos como “El poder de las pulgas” donde relata la historia de dos canónigos que se refugiaron en una cueva de Cobdar durante la Guerra Civil y las pulgas les comieron las orejas. “El chiquillo de los huevos rotos” o “El burro cagaduros”.
“Descubrí el don de la escritura ya de vieja, cuento las cosas de las que me acuerdo de mi infancia, la mitad son reales y las otras me las invento. Escribo sobre todo cuando estoy rabiosa, siempre a mano, y el farmacéutico don Paco me lo pasa a máquina”, explica con voz temblorosa.
RECUAS DE PESCADO
Filomena nació en 1.921 en una familia de molineros maquileros. De Cobdar a Albanchez había once molinos en esos tiempos del charlestón. Se molía entonces el grano de trigo con la fuerza del agua del río en el cárcavo y se pagaba con harina. También venían los arrieros de Albanchez que traían los cestos de sardinillas y jurel en recuas de burras. No había hielo y si el pescado se ponía feo se lavaba en el río.
“Cuando yo era una niña, en Cobdar vivían más de mil vecinos -ahora sólo hay 200- en el monte veíamos cabras montesas, jabalíes, zorros y buhos. Había una vega de naranjos y la montaña estaba llena de olivos y almendros. En el río cogíamos ranas y tortugas”, recuerda Filomena. Contaba esta emprendedora almeriense que “durante la Guerra, como en tantos otros lugares, hubo algo de “jaleillo”, lo peor es que cuando cogían algún pueblo los rojos se tenían que volver todos rojos y luego venían los fascistas y había que ser fascista. Yo tenía catorce años cuando empezó la Guerra”
Los ricos del pueblo, entonces, eran “las filomenas” (nada que ver con la protagonista) y su padre que era el cacique y el dueño del Casino.
Filomena estuvo sirviendo de moza en la casa del médico de Cantoria, Juan López.
Se puso en relaciones con Domingo, su futuro marido, y cuando acabó la guerra se casaron. Él, de la quinta del biberón, estuvo combatiendo al lado de Negrín en el frente de Aragón, pasó a Francia y volvió con un salvoconducto y con mucho miedo en el cuerpo. El empresario local y alcalde, Pepe Basiliso, intentó recuperar la actividad de las canteras, pero los bancos no le daban crédito y Cobdar se despobló.
Filomena y Domingo permanecieron 30 años en el “Valle de Arán”. Ella, como camarera y él en una central eléctrica y de guarda de un polvorín. Tuvieron cinco hijos.
“Nosotros quisimos siempre volver a nuestro pueblo querido, pero esto era un desastre, las calles estaban llenas de piedra y aquí no había quien viviera, pero empezamos a arreglar las casas y la cosa cambió, ahora los fines de semana esto se anima”, expresaba la octogenaria empresaria. En su pequeña casa, al pie de los Filabres, Filo seguía hasta no hace mucho tiempo elaborando turrones y cuentos con la ilusión de una colegiala.
Juan Sánchez-AGOSTO-2.015



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