viernes, 27 de marzo de 2015

OLULA: "PERSECUCIÓN FRANQUISTA MUJERES DE ROJOS"

                                                             OLULA DEL RÍO
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                          OLULA: “Persecución franquista a las mujeres de los rojos”

• El franquismo en Olula del Río.
• Eusebio Rodríguez y Juan Torreblanca.

Las mujeres de Olula del Río eran castigadas no por lo que habían hecho, sino por las supuestas actuaciones de los miembros masculinos de la familia. Acabada la contienda el 1 de abril de 1.939, las mujeres que permanecieron en el bando republicano, especialmente aquellas que se destacaron por sus ideas de izquierdas, fueron llamadas a declarar. La mayoría de estas mujeres fueron acusadas con el cargo de “auxilio o excitación a la rebelión”, encubrimiento de huidos rojos, delatoras de agentes de la derecha, etc. En este ambiente tenso no es de extrañar la imposición de castigos infames. Aparte de las que fueron a parar a la cárcel, las llamaban a declarar y las hacían pasar todo el peso del escarnio y la humillación pública, pelándoles al cero, dándoles aceite de ricino, colgándoles carteles al cuello y obligándoles a hacer el típico “paseo”. Además tenían que barrer las calles, limpiar la Iglesia o fregar las casas de las nuevas autoridades.
Los testimonios de las personas entrevistadas hablan de la crueldad con la que se producía la represión de género, con un infamante listado de humillaciones públicas y privadas, como la prohibición de registrar la muerte de sus familiares víctimas de la guerra o llevar luto por ellas. Sin derecho a ninguna pensión, sin trabajo ni ayuda alguna, ya que incluso les confiscaron los medios de producción con los que solían ganarse la vida.
Las mujeres de Olula del Río sufrieron interrogatorios brutales y les hacían cantar el “Cara al Sol”, saludar levantando el brazo en alto, tomar purgantes, hacer rapados, dar paseos…
En Olula según testimonios orales, sufrieron el escarnio de ser rapadas tres mujeres: M.Q., D. y P., cuyo único delito fue vivir en el seno de una familia de izquierdas y manifestarse efusivamente con banderas republicanas. Una de ellas era hija de un mecánico, destacado defensor de la causa republicana y que impidió, junto con el alcalde F.V.T., que los milicianos de Serón se apoderasen del canónigo del Sacromonte, José Jiménez Casquet, al cual tenían escondido.
A estas mujeres les raparon la cabeza, les dieron aceite de ricino, les pusieron un cartel y las pasearon por el pueblo subidas en una carreta. Las causas por las que las castigaron tan cruelmente fueron nimias: ser republicanas, “rojas”, “putas rojas”, como llamaban a cualquier mujer o hija de republicanos que se hubieran señalado en la defensa de la República.
La mayoría de las mujeres del pueblo eran analfabetas y no estaban preparadas para llevar el peso de la familia, de los hijos o, en algunos casos, de sus progenitores. Sin embargo tuvieron que hacerlo en medio de dificultades de todo tipo, económicas, sociales y políticas. Ellas fueron las que tuvieron que trabajar y sacar sus familias adelante.


Juan Sánchez-MARZO-2.015

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