domingo, 8 de marzo de 2015

"LA TERRERA DEL RELOJ" Fragmento de "CAMINO DEL DESIERTO"

                                                    OLULA DEL RÍO
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                                      "LA  TERRERA  DEL  RELOJ "


              “MEDIO AMBIENTE DEL VALLE-MEDIO DEL ALMANZORA”

OBSERVACIONES SOBRE:
• Clima, Geomorfología, Biogeografía y Aspectos Socioeconómicos.
• Conclusiones de “PEDRO PONCE” sobre la Novela “Camino del Desierto” de Don Martín García Ramos.
• “Diario de Almerá” / ACTUALIZADO 19-01-2.015

“La experiencia cotidiana del espacio” valora el entorno inmediato de las personas. Se refleja magistralmente en la novela “Camino del Desierto” del catedrático de Lengua y Literatura Don Martín García Ramos, y no solamente es en la Geografía Humana y en la Historia, sino también en la Literatura pueden y deben colaborar y suscitar la capacidad de abordar críticamente la realidad y problemática de determinados espacios, convirtiéndose en un espacio que ayuda a dar respuesta a los problemas del Entorno Social y del Medio Ambiente del Valle Medio del Almanzora con interesantes y atinadas observaciones sobre clima, geomorfología, biogeografía y los más variados aspectos socioeconómicos. En la dimisión subjetiva del Espacio/la Geografía Humanística vemos que en la percepción espontánea del autor se da una concepción territorial directa e inmediata de la perspectiva local, lo diverso y lo pequeño, como un valor añadido a las formas de conocimiento e interpretación del Espacio. (…).

“Camino del Desierto” es un referente simbólico e iconográfico de las gentes que lo habitan, explicación de muchos comportamientos espaciales, de su identidad personal y social. En la obra se percibe el sentido de territorialidad de los seres humanos, la personificación del territorio y el hecho de que el Medio donde vivimos, habitamos, explotamos y recorremos contribuye a confirmar nuestra propia identidad de individuos o colectividad, llegando a la personal identificación con un paisaje, de “amor a la tierra”, y a sus imágenes más representativas, las cuales pueden convertirse en símbolos de la propia personalidad. 

(…) Y habla de “La Terrera del Reloj” de Arboleas como ejemplo de relación hombre-tierra en estos términos:

“La Terrera del Reloj” era el labio superior de una enorme falla producida en tiempos remotos por un gran cataclismo. La ingente masa caliza de la montaña se había partido a todo lo largo de manera que una de sus partes quedó mucho más baja que la otra. Como el corte superior de la falla estaba perfectamente orientado en la dirección norte-sur, la sombra de la parte alta se proyectaba sobre el barranco, pero iba desapareciendo lentamente, a medida que el sol se elevaba en el horizonte, y, al llegar el mediodía, a las doce en punto, se borraba por completo y la luz del sol iluminaba entonces la enorme pared cortada a pico sobre el profundo barranco que se abría entre los dos labios de la falla. 

Esta circunstancia había dado lugar al topónimo porque los agricultores miraban hacia la Terrera, no sólo para saber cuándo era ya mediodía, sino que también calculaban con bastante aproximación las diferentes horas del día observando la zona más o menos amplia que abarcaba la sombra y que iba disminuyendo a medida que avanzaba el día y el sol se iba elevando en el cielo. Entre las grietas de las rocas crecían algunas alcaparras que colgaban sobre el abismo y cuyos frutos se quedaban todos los años sin recolectar porque era imposible llegar hasta ellas.

De trecho en trecho, aparecían algunos agujeros en los que hacían sus nidos los abejarucos al llegar la primavera y en la parte superior y más escarpada anidaban los avilanejos, que siempre estaban evolucionando sobre la Terrera, avizorando los cortijos próximos en busca de alguna presa…

La adelfa es el arbusto de la familia de las apocináceas, muy ramoso, de hojas persistentes, semejantes a las del laurel, y grupos de flores blancas, rojizas, rosáceas o amarillas. Es venenosa, florece en verano y abunda en el mediodía de nuestra península, donde crece espontáneamente en las riberas de los ríos, arroyos y ramblas.

Es muy raro que los animales la muerdan, a pesar de su aspecto atractivo, siempre verde y coronado de hermosas flores. Cuando esto ocurre, el animal muere irremediablemente.

En el Almanzora la llaman baladre. Es uno de los muchos catalanismos que nos han llegado a través del levante español.

-Cuando yo era niño -decía el Cabraloca- siempre venía por el verano alguna tormenta y salía el río. 

Todos nos metíamos en el agua hasta la cintura, echábamos a correr en cuanto sonaban las caracolas y metíamos el río en la boquera para entarquinar los bancales. Luego, sólo teníamos que sembrar y cosecha segura.

- Y el agua brotaba de las fuentes con tanta fuerza que los borbotones eran más altos que yo. En la fuente de Santa Bárbara, nacían más de cien litros por segundo, que no cabía el agua por el cubo del molino-.

- Sí, pero ahora está seca, ahora no tiene agua ni para los gusarapos.

-Entonces tuvieron que romper las lindes de los bancales para que no se pudrieran los olivos con tanta agua, porque la tierra no podía tragarse tanta agua y se metía en las raíces de los árboles y los echaba a perder.

-Todavía se pueden ver las lindes rotas en la cañada de Servando. Cuando empezaron los años de sequía, no quiso volver a levantar las lindes, lo abandonó to y se fue a la Argentina con toda su familia.

- ¿Qué más plaga que la que tenemos nosotros? ¿Hay otra plaga mayor que sembrar las tierras un año tras otro, con la esperanza de recoger alguna cosecha y nunca recogemos nada?

- Lo que teníamos que hacer es irnos de aquí, como hizo el Servando, irnos en busca de otras tierras en las que pudiéramos vivir.

- Eso han hecho ya muchos. En la Argentina, puedes vallar una finca tan grande como tú quieras y tomarla sin más trámites y ya es tuya para siempre. Y allí si que llueve y recogen buenas cosechas.

- Sí, pero eso está muy lejos de aquí. Yo ya estuve allí y me vine. Cuando estás lejos de tu tierra, no dejas de acordarte de ella, con todo lo mala que es, y siempre estás deseando volver aquí aunque sea para morirte… de Hambre”.



Martín García Ramos, “Camino del Desierto”
Juan Sánchez-Marzo-2.015

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