viernes, 6 de marzo de 2015

ANDRÉS "IBÁÑEZ" DEFIENDE A SU AMIGO ANTONIO "LÓPEZ"

                                                             OLULA DEL RÍO
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                                                         ANDRÉS “IBÁÑEZ”
                                                               DEFIENDE
                                                      A ANTONIO “LÓPEZ”

• Diario de Almería. OPINIÓN.
• AUTOR: Andrés García “Ibáñez” bajo el título “Retrato real”.
• Actualizado al 05-03-2.015.

Este pasado domingo pude, -dice Andrés- por fin, contemplar directamente el cuadro que mi amigo Antonio ha pintado durante casi dos décadas y que lleva por título “La familia de Juan Carlos I”. Una obra que ha despertado una inusitada expectación mediática -la mayor que yo recuerde en torno a una obra de arte contemporáneo- y que fue presentada en compañía de un también excesivo ramillete de críticas negativas, casi todas emitidas desde la ignorancia o el desconocimiento y, la mayoría de las veces, por gentes que no han visto el cuadro en directo o tienen una larga trayectoria de desprecio hacia la obra de este gran artista, fundamental para el arte español de este último Siglo. Para los que conocemos su trabajo en profundidad y valoramos la singularidad de su proceso, el cuadro no defrauda lo más mínimo. Por el contrario, yo diría que es López a la enésima potencia. Toda la piel de la pintura tiene, como sucede en sus obras más trabajadas y poderosas, una riqueza matérica y de sucesos pictóricos verdaderamente alucinante. Todo ese largo proceso de titubeos, cambios y arrepentimientos, crea una fotografía de accidentes y texturas prodigiosas que hacen palpitar, como en un gran fresco pompeyano, a toda la superficie de representación. Por un momento olvidamos que el soporte es un lienzo, tal es la capacidad de sugerir un efecto parietal; principalmente por el luminoso tratamiento del fondo, del que emana el verdadero carácter del cuadro y es su más notable aportación a la tradición del retrato español. Los personajes están colocados con un hieratismo y simplicidad que nos evoca a lo mejor del arte arcaico antiguo, algo que no es nuevo, pues constituye el sello principal del estilo de Antonio cuando trata a la figura humana, sea en pintura o escultura. En efecto se potencia por una ejecución de manchas planas superpuestas, en ocasiones abruptas, sin el menor exhibicionismo de virtuoso, que crean el volumen cuando la obra se contempla a cierta distancia. A todos los que esperaban un cuadro hiperrealista de fría percepción fotográfica, habría que decirles que no se han enterado todavía de cual es la aportación de Antonio “López” al realismo contemporáneo. Y en toda la exposición que le precede, nutrida de una ingente cantidad de aúlicos retratos de aparato, indignos y decadentes, su cuadro relumbra como el sol junto a los de Goya, Sorolla y Ramón Casas.


Juan Sánchez-MARZO-2.015

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