jueves, 5 de febrero de 2015

"DOMINGO DE PASCUA AÑOS ´20"

                                                    OLULA DEL RÍO
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                                “AÑOS `20: DOMINGO DE PASCUA”

• Don Francisco Jiménez Casquet.
• Olula del Río años ´20.

Las pintorescas madrugadas de Olula del Río en el “Domingo de Resurrección”, proporcionaban un especial encanto a cuantos presenciábamos los ritos, religiosos y profanos, que sistemáticamente se producían año tras año.
Los mozos ocupaban gran parte de esa noche en confeccionar grotescos muñecos de trapo, que aparecían estratégicamente situados en el recorrido de la procesión del Resucitado. A la vez, colocaban frondosos manojos de verde ramaje en las ventanas y rejas de las mozas de sus sueños, formando así fantásticos ramos de azahar que por ausencia de otras flores, proporcionaba la incipiente primavera.
El lugar escogido para rememorar la liturgia de la Resurrección de Cristo se situaba en el lugar conocido como “Plaza de la Cruz”, explanada situada en el Barrio de “La Loma” donde antes estuvo ubicado el antiguo cementerio antes de trasladarlo a la calle San Luis anexo a la Iglesia de San Sebastian y San Ildefonso. En la época a que me refiero, aún quedaban dos sepulcros con lápidas de antiguas con fechas que databan de los años en que las epidemias del cólera tantos daños ocasionaron por los años 80 del Siglo XIX. Esto hace suponer que, al llenarse, se tuviera que habilitar hasta el que hace poco ha servido de Cementerio Municipal.
Continuando con la madrugada del “Domingo de Pascua” o “Madrugada de Resurrección”, la primera imagen que salía de la Iglesia, cuando todavía no había amanecido, era la Virgen de los Dolores, ya desprovista de negras vestiduras que le habían adornado durante la Semana Santa.
Portada a hombros de los “Hermanos de Jesús”, era conducida en silenciosa procesión hasta situarla en la explanada de la “Plaza de la Cruz”, punto más alto de “La Loma”. Rodeada de medio pueblo, esperaba la llegada del otro medio que acompañaba al Resucitado, cuya imagen salía de la Iglesia, también en procesión, con el tiempo preciso como para que las primeras luces de la aurora, que al chocar con los rayos del sol daba a la imagen una expresión triunfante cuando iluminaban su rostro. El trono, aparte las farolas con velas encendidas, venía envuelto en ramaje de azahar, únicas flores que en aquellos días mezclaban sus llamativos puntos blancos con las hojas verdes de los naranjos.
La feligresía, congregada alrededor de la imagen de la Virgen, esperaba silenciosa e impaciente la llegada de la radiante imagen de Jesús triunfante de la muerte. Y el momento de posarla al lado de su Madre, el señor cura entonaba, en perfecto gregoriano:
-“Resurexit, Sicut dixit ¡¡ALELUYA!!”
Era el signo esperado para que los monaguillos agitasen las campanillas que habían permanecido en silencio durante la Semana Santa, coincidiendo con un tronar de cohetes, petardos, tiros de escopeta y cuantos ruidos podían detonar la alegría del pueblo que participaba en la Resurrección de Jesucristo, momento en que las campanas de la Iglesia repicaban a gloria.
A todos interesaba de modo exclusivo el acto religioso; pero a mí, sin dejar de participar en aquella alegría, me llamaba la atención aquel sepulcro del entorno, levantado en lo que fue el Cementerio del pueblo en el siglo pasado y sin saber por que, lo relacioné con otro de similares características que se alzaba en el centro del antiguo Cementerio municipal, el cual, a pesar de su amplitud, sólo databa en su lápida de mármol el nombre de una joven mujer enterrada en los últimos años del siglo pasado, que según referencia de los propios herederos del que fuera dueño del mismo, no podía utilizarse por haber consignado en su testamento que ningún otro cadáver podría recibir allí sepultura.
Tanto llamó mi atención el dato, que durante largo tiempo me dediqué a investigar sobre tales circunstancias, consiguiendo que los más viejos del lugar me proporcionaran referencias sobre la trágica vida de una joven dejando constancia de que responde a un hecho real que yo mismo, cuando era un niño, escuché de boca de mis familiares.

NOTA: Esta desgracia ya está colgada en mi blogs con el Titulo: “ Amores que matan” para quien no la haya leído.


Juan Sánchez. Febrero-2.015

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