lunes, 16 de febrero de 2015

"DEPORTE Y JUEGOS AÑOS 20"

                                                   OLULA DEL RÍO
                                                         Comarca


                                     “DEPORTE Y JUEGOS AÑOS 20”

• AUTOR: Don Francisco Jiménez Casquet.
• DEL LIBRO: “Olula del Río años 20”

La juventud de todas las épocas, ha necesitado de actividades deportivas que armonizaran el desarrollo físico y psiquico del individuo. Baste recordar los antiguos Juegos Olímpicos Griegos. La civilización Romana con sus Gladiadores y Luchadores en los suntuosos Circos y los Torneos que en la Edad Media se celebraban en nuestro suelo patrio.
Nuestros pequeños pueblos hasta la época que nos ocupa, no disponían de infraestructuras deportivas y los mozos y mozas con estas inquietudes tenían que recurrir a las viejas costumbres para educar su parte física.
Aún no había llegado el fútbol. Se practicaba con frecuencia el conocido deporte de la “pelota vasca”. Los jóvenes competían utilizando como frontón la fachada de la Iglesia o de alguna otra casa deshabitada. Jugaban con pelota confeccionada de artesanía casera, rellena de goma, que se redondeaba con hilo de lana procedente de algún desechado jersey, que a la vez servía para amortiguar su dureza. Se envolvía con cubierta de lona o de piel suave cosida a mano.
Los demás juegos comunes, donde la juventud se proporcionaba el desarrollo físico, se limitaba al “marro”, al “salto de la muerte” o a las carreras pedestres para dilucidar quien llegaba el primero a una improvisada meta, estimulados generalmente con la no muy correcta frase “maricón el último”, y donde los “gordos” ponían la nota cómica del torneo, corriendo hasta reventar para no adjudicarse el puesto de colista.
En los años 20, el semiadolescente había de pasar su tiempo libre con entretenimientos que surgían con la agrupación de los encuadrados en esa difícil edad y que muchas veces se improvisaban entre quienes estaban dotados de mayor ingenio.
Actuando en pandilla era más fácil salir de aquellas repeticiones de juegos tradicionales que como el marro, el trompo y los conocidos bandos de policías y ladrones, solían acomodar los juegos a los jóvenes en cualquier lugar de nuestra geografía.
Recuerdo algunas fechorías que en forma colectiva llevaban a cabo quienes integraban la “pandilla” a la que yo me “honraba” en pertenecer, aunque algunos por obligada prudencia tuvieran que mantenerse en el anonimato con la finalidad de que sus autores no se vieran obligados a reponer las cosa en su estado anterior y sufrir las correspondientes regañinas de las familias que todavía tenían a su cargo la formación.
Yo tomé parte en el robo de los “higos secos pajareros” de la tía “Carmen La Telarilla” como habréis podido comprobar en otra lectura ya editada.



Juan Sánchez FEBRERO-2.014

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