jueves, 5 de febrero de 2015

"COSTUMBRES MORISCAS DE NUESTRA COMARCA"

                                                      OLULA DEL RÍO
                                                         Comarca

                           COSTUMBRES MORISCAS DE NUESTRA COMARCA:

• Matrimonios. Nacimientos. Enterramientos.

AUTOR: José Acosta Montoro.
TÍTULO: El Valle del Almanzora durante el Islam.
IMPRIME: ARRÁEZ&EDITORES.

                                                   MATRIMONIOS
Continúo haciendo memoria de cuales eran las costumbres de nuestros tatara-tatarabuelos.

El rito del matrimonio se ajustaba siempre a las mismas pautas: discusión de la dote que había de llevar el prometido, confección del ajuar de la desposada y fijación de la fecha de boda, que solía ser determinada por un astrólogo o semejante.

Pero las ceremonias pronto fueron prohibidas por los católicos.

Las bodas duraban una semana entera, primero en casa de la novia, la cual, adornada como una imagen, recibía impasible las felicitaciones de las mujeres de la familia o parientes. Luego, la desposada era conducida a casa del marido entre un gran cortejo y música, seguido de unas caballerías, mulas quien las tuviera, que trasladaban en cajones el ajuar. Pero desde que fueron perseguidas por los cristianos las bodas al uso, tuvieron que seguir el rito católico, y después, salidos de la iglesia y ya en sus casas, recuperar su esencia y celebrarlo secretamente.

Los nacimientos solían pasar desapercibidos, fuera de parientes o amigos íntimos. Había comadronas. El recién nacido era bien recibido, pero con mayores alharacas si era varón. Según sus costumbres, el séptimo día se le imponía el nombre y se procedía a cortarle el pelo. Por lo común, a los varones se le ponía el nombre del abuelo paterno y después el de la “kunya” correspondiente. Tomaron nombres cristianos, que solían elegir quienes les obligaban al bautizo, pero, aunque se les prohibiera, la mayoría conservó el apellido de su “kunya”. La circuncisión de los varones solía hacerse sobre los siete años, a escondidas, y daba motivo a una reunión familiar.

                                                     ENTERRAMIENTOS
Los enterramientos se efectuaban con sencillez. Entre rezos por el difunto se lavaba el cadáver, al cual vestían con la mortaja antes de inhumarlo. Los musulmanes disponían de cementerios a las salidas de la población, no lejos, y podían tener varios en el mismo lugar.

La enseñanza en los pueblos se limitaba a la salmodia de la recitación del Corán.

Al llegar a la adolescencia a todos les esperaba el trabajo. Eran poquísimos, si los había, quienes sabían escribir.

Cuando las iglesias sustituyeron a las mezquitas, muy pronto, se atendía con especial cuidado a la enseñanza del catecismo. La vigilancia era extrema. Los visitadores examinaban a muchachos mayores y castigaban a los que encontraban “defectuosos en doctrina”. Todo empeoraría desde que entró la Inquisición en el Reino de Granada. Los encausados eran moriscos imputados de islamizar, de trabajar en domingo, no ir a misa, no confesar una vez al año por Cuaresma y comer carne en ese tiempo.

En general, las penas se cifraban en multas, que se elevaban si se les acusaba de casamientos clandestinos, organizar “leylas” y asistir a ellas y por celebrar reuniones clandestinas. Los curas maltrataban de palabra a los moriscos, por lo cual algunos eran castigados por su obispo. 

Fueron perseguidos todos aquellos hábitos, rotas las capitulaciones por parte de los vencedores, esencialmente sus fiestas, abluciones y gestos externos, como sustituidas sus mezquitas por iglesia, en el mismo lugar donde estaban aquellas, y sus alfaquíes por curas y beneficiados. Ya Cisneros intentó que se cambiaran sus vestidos por los castellanos, lo que obligarían más tarde.

Aunque los moriscos permanecieron en sus costumbres a escondidas, maestros de la hipocresía, incluso celebrando bodas y nacimientos después de haber pasado por las ceremonias católicas, eran continuamente denunciados y amonestados por los curas.

Las abluciones constituían una de sus costumbres que más sacaban de quicio a los católicos, tan reñidos con el agua por lo visto y porque las consideraban una rotunda manifestación islámica. Además, efectivamente, los moriscos sentían veneración por el agua, fuente de vida.

Puede recordarse el respeto de los musulmanes al agua cuando en las capitulaciones impusieron que no se les permitiera a los cristianos lavar la ropa en las acequias, o estropear de cualquier forma el agua de riego.


Juan Sánchez. FEBRERO-2.015

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