sábado, 27 de diciembre de 2014

"LA COMARCA DEL ALMANZORA: VERGEL ANDALUSÍ"

                                                     OLULA DEL RÍO
                                                          Comarca


• LA COMARCA DEL VALLE DEL ALMANZORA. EL VERGEL ANDALUSÍ.



Inagotables rayos de luz iluminan el verdor de un valle que es surcado por el río que le nombra, el Almanzora. La peculiaridad de sus viviendas, casas cuevas que se reparten por todo el valle; la singularidad de sus paisajes; el arraigo de sus tradiciones y la hospitalidad de sus gentes, convierten esta comarca una de las más atractivas de Andalucía.

Esta comarca almeriense, situada entre la sierra de Los Filabres y Las Estancias, goza de un paisaje lleno de contrastes e insólita belleza. Los Filabres, después de Sierra Nevada, es el techo de la provincia, representado por Calar Alto con 2.168 metros de altitud. Su cima guarda uno de los observatorios más importantes del mundo.

Además, un Monumento Natural se alza en la Sierra, La Tetica de Bacares, punto geodésico entre España y África. Desde su cumbre se descubre como la provincia de Almería se rinde a sus pies.

Los Filabres conservan una de las mayores masas forestales de la provincia, que unida a la de la Sierra de Las Estancias convierten al Valle del Almanzora en el pulmón verde de Andalucía. Podemos disfrutar de encinares centenarios como Los Sapos y El Marchal que se sitúan en la localidad de Serón.

A nuestro paso por localidades cercanas a La Sierra de Las Estancias, observaremos los contrastes entre las zonas de vega regadas y otras más áridas y agrestes. Lo cierto es que las más de veinticinco poblaciones de esta comarca gozan de singulares parajes que llamarán la atención del curioso viajero.

Al patrimonio natural hay que añadir la riqueza cultural, un extenso legado de la multitud de civilizaciones que se asentaron en la comarca a lo largo de la historia. Los primeros vestigios se remontan a la Prehistoria como se demuestra en la Cueva de los Tesoros en Bacares, el Marchal de Serón o las Piedras Labrás de Chercos.

Las culturas fenicia, cartaginesa y romana dejaron su huella en algunos asentamientos de las localidades de Armuña de Almanzora o Fines, el núcleo de “Tagili”, el acueducto romano de Albanchez o el Cerro del Cortijo de Carrillo.

Pero fue la presencia árabe la que marcó con mayor fuerza el patrimonio de la comarca. Adornando muchos municipios encontraremos numerosos restos de hins -castillos- y alcazabas como los de Serón, Purchena o Sierro. En Olula del Río se conserva un núcleo primitivo de este pueblo, “La Piedra Ver de Olula”.

En la localidad de Somontín en el Alto Almanzora todavía se recuerda que en 1.594 el célebre Miguel de Cervantes pasó recaudando alcábalas e impuestos para la Hacienda Real. También visitó Laroya y Macael por el mismo motivo ya que ambas poblaciones pertenecían por entonces a la circunscripción de Baza.

Épocas históricas posteriores, también dejaron huella en la comarca como lo demuestran la Iglesia de San Ginés de Purchena o el Santuario Barroco de Nuestra Señora del Saliente ambos galanean del título de Monumento Histórico Artístico, reconocimiento que aún no se la ha reconocido a la singular Iglesia de San Sebastian de Olula del Río de la que es muy meritoria.

Y fue precisamente en uno de los pueblos que se asentaron en la zona, los fenicios, los que descubrieron uno de los tesoros en la Sierra de Macael, el mármol. Más tarde romanos y musulmanes le dieron la misma utilidad.

Aunque el mármol de Macael está presente en construcciones tales como la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, el Teatro Romano de Mérida o el Monasterio del Escorial…y es que la historia de Macael ha estado ligada a la extracción del mármol o Almuki, expresión que utilizaron los musulmanes para referirse al mármol de veta blanca.

Y como colofón a este viaje serrano nada mejor que deleitarnos con la exquisita gastronomía del Almanzora, estrechamente ligada a la civilización andalusí que moró en estas tierras durante setecientos años. Las especias junto a los sabores de la huerta aliñados con el producto estrella, el aceite de oliva, se recrean en platos como: las migas cortijeras, las patatas boca abajo, las gachas o la olla de trigo.

Sin olvidar la afamada fritá de Sufllí o los potajes de Semana Santa. Si antes tomamos un aperitivo la mejor opción es una tapita de los embutidos de la zona, eso sí, dando prioridad al riquísimo jamón de Serón. Es aconsejable que no abusen de estas entradas si deciden tomar el cocido de la matanza.

Y para terminar de recrear el paladar un postre de frutas de la tierra conformará al más exigente de los comensales, para los mas golosos pueden optar por los dulces islámicos que todavía se producen de manera artesanal en Cantoria o Fines.

Una recomendación, no desprecien una copita de la típica bebida de la Comarca -la mistela- una destilación de aguardiente con miel y “yerbas” aromáticas que se produce de manera artesanal en la mayoría de las poblaciones.

Disfruten de esta aventura por el Valle del Almanzora…seguro que regresarán.

N/A autor.


Juan Sánchez 2.014


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