martes, 17 de junio de 2014

"SUPER MAN and SUPER WOMEN"

OLULA del RÍO
"SUPER- MAN and SUPER WOMEN"
El Ayuntamiento de Olula del Río rinde homenaje a Carmen Lazuén y a José Mena al cumplir un siglo de edad.
Nacieron cuando la vida media de sus coetáneos era mucho más baja. Vivieron guerras y paces. Supieron de escaseces y de abundancias, de gozos y de sombras, de dictaduras y democracias.
Han tenido que ir adaptándose a los tiempos, perdiendo aquello y aquellos que servían de punto de referencia a sus señas de identidad. Quizá se sientan extranjeros entre las gentes que les rodean. Sus existencias, llenas de vivencias, podían haber quedado como otras muchas, pero no, han “saltado a la fama”, porque ya sus erosionados cuerpos han conseguido alcanzar el siglo. Su Ayuntamiento, coincidiendo con el duodécimo año del refrendo de la Constitución vigente les ha nombrado “hijos predilectos”. Son Carmen González Lazuén y José Mena.
Carmen González Lazuén
Hija del “tío granaíno”; nació en Olula del Río un caluroso 5 de agosto de 1.890. Con especial gracejo, y un andalucismo que lleva impreso en los genes. Presume de que su tío fue famoso torero. Y ella a buen seguro le hubiese gustado ser “morena clara” como Imperio Argentina a quien adora, y aunque no ir “como la falsa monea”, sí haber sabido de las “penas de la Lirio”, estar bajo la capa de “Luis Candela”, pero no “Picadita de Viruela”.
Dice haber cantado maravillosamente, y tanto es así que todos sus recuerdos los tararea.
Quienes le acompañan en la entrevista, casi la atosigan para que demuestre su gran lucidez. ¡Cómo si rememorar tan dilatada vida, no fuese harto difícil!.
Vio la luz cuando la precariedad era la tónica dominante. Recuerda a Doña Dolores, su maestra, que le enseñó a leer y a escribir. La imaginación hubo de sustituir a las carencias, pero su afable carácter hace que globalice su existencia como positiva.
Cuando niña, la llegada del ferrocarril al pueblo dejó una marcada huella en su mente. Ante el paso de la primera locomotora, todos los olulenses se desplazaron al cerro frente a la Estación. Y cuando se produjo la venida y el pitido de la máquina “todos huyeron despavoridos, creyendo que aquello era el fin del mundo”. Desde entonces se cantaría: “Olula ya no es Olula, es un segundo Madrid, quien ha visto por Olula pasar el ferrocarril”. También canta la triste búsqueda de Alfonso XII a María de las Mercedes, o cuando a su Real Nuera, tras el día de la boda le dijeron “ a la Reina Victoria la han bombardeado al lanzarle un ramo de flores con el explosivo oculto”
De la época de la guerra del 36, parece que tuviese amnesia, “mejor no hablar”.
En su vida hubo de todo. Ha perdido a muchos seres queridos, pero “el que vive mundo hace”, y no quiere saber de penas.
Está bastante actualizada, le gusta toda clase de música, pero en especial la del ejidense Manolo Escobar, y la del que “al cantar se quita la chaqueta” (Raphael).
José Mena
Nació en Macael y ya con doce años hacía como todos los de esa edad morteros de mármol que le pagaban a real la unidad. Con 17 años se embarca en “Barcelona” con rumbo a Buenos Aires en donde permanecería nueve años junto con uno de sus diecisiete hermanos trabajando el mármol.
Vuelve a España para casarse con una novia de Cantoria “que su madre que en paz descanse le había buscado para evitar que su hermano fuese al servicio militar”.
Corría el año 1.918 y su inquieto espíritu le llevará esta vez hasta Marruecos para trabajar en lo suyo, pero a los dos años de permanencia le “dieron la calenturas (fiebres tifoideas) y decide venirse”.
Un hacendado tío suyo, que residía en Madrid, se quedó con la subasta de todas las canteras en explotación de Macael y al frente, de capataz general, nuestro José Mena.
Vinieron días de “vino y rosas”, cien hombres a su servicio, salud completa, poder, arrogancia, y “buenas hechuras” de las que aún presume, le hicieron disfrutar de todo lo bueno.
La vida es amable y no quiere morirse, pero rezuma un poco o tal vez un mucho, de resquemor de lo que fue y no es. La nostalgia lo envuelve y piensa que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.
La vista es lo que físicamente tiene más deteriorado, pero “se mañea”, y cuando hace bueno sale todos los días a pasear.
Le gusta todo. Una cosa que no soporta es la “chulería” de que los hombres vayan ahora sin sombrero, “quizá sea uno de los pocos españoles que lo usa”, y el llevarlo es signo de ser español y él siempre lo ha sido por el lado que lo hayas buscado. Entre sus recuerdos gráficos preferidos nos muestra su carnet de falange, una fotografía del General Franco, un recorte de periódico de Primo de Rivera, fotografías de él a caballo recorriendo la Sierra de los Filabres y otras con grandes amigos marmolistas. Este buen hombre, con ya más de cien años desde el pasado día 4 vive su última etapa, dando muestras de una férrea salud. Esperemos que él como Carmen no recuerden aquello de que “lo más triste de la vejez es carecer de mañana”.
Juan Sánchez 2.014 y Crónica de 1.990

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