miércoles, 1 de enero de 2014

POR FIN SE HIZO EL PUENTE SOBRE EL “RÍO ALMANZORA”


Autor: D. José María Marín Miras.

Transcribe y pone toques personales: Juan Sánchez



    Existía una grave carencia en la comunicación entre Olula del Río y Macael, que si bien afectaba a ambos pueblos, más aún se acentuaba en este último, debido a su emplazamiento más adentrado en la Sierra de las Filábres.

    Cuando por el río discurría el agua, existían unos pasadizos formados por troncos de árboles, generalmente álamos, por los que pasaban los peatones para ir de un pueblo a otro. En las grandes riadas ambos pueblos quedaban incomunicados.

   Este aislamiento ocasionaba perjuicios, a veces graves como ya veremos.
El abastecimiento de mármoles procedentes de las canteras se interrumpía, a veces por bastantes días, con lo cual  originaban pérdidas económicas a las Compañías de Canteros de Macael, que no podían bajar sus bloques a los fabricantes de Olula, a los que también se perjudicaba, puesto que sus industrias se paralizaban por falta de materias primas, se retrasaba el servicio a los clientes e, incluso, se paralizaba el trabajo de los operarios si el corte de la comunicación se prolongaba. Tampoco cobraban normalmente sus suministros los propietarios de canteras de  Macael. Los trabajadores y canteros que residían en Fines o en Olula, no podían subir a trabajar a las explotaciones y, como entonces no estaba desarrollado el sistema de Seguridad Social, quiénes no podían acceder al trabajo no percibían su salario, pues la norma era día trabajado, día cobrado.

    También afectaba a la salud el no tener un puente para unir ambas riveras. Tal fue el caso sucedido a una adolescente de Macael, hija de un honrado comerciante de la villa, Don Vicente Ramos. Esta muchacha llamada Antonia, había contraído una meningitis y hacía necesario su traslado urgente a Granada para su tratamiento. Fue imposible atravesar el río por su fuerte avenida. Las aguas se llevaron la esperanza de vida. Dos días después falleció, en medio de un gran dolor que impresionó a todo el pueblo.


    Diego Sabiote, poeta de Macael de delicados sentimientos, plasmó el recuerdo de esta inocente víctima de las carencias históricas de nuestra Comarca, le dedicó estos versos:


                          Te fuiste una noche de abril

               Te fuiste una noche
                     de abril, vestida
                     de nubes blancas.
                     Contigo te llevabas
                     La canción y el arpa.

                     En tu canción nos regalabas
                     himnos de nubes blancas
                     y bajo el cielo estrellado
                     brillaba tu sol y tu alma.


                    Antonia ¿Dónde estás escondida?
                    Desde que te marchaste
                    no “bajan himnos de las nubes”,
                    ni resplandecen, en las mañanas de Abril
                    las flores y los luceros del alba.
                    Dime, Antonia, tú que ya conoces
                    las nubes y las estrellas,
                    cuál es el sol que te canta.


Pero existía otro peligro  al cruzar el río, aunque no hubiera grandes riadas. Por aquellos entonces, siempre había caudal. Para atravesarlo, se tendían troncos de álamos en forma de puente, apoyados en ambas orillas. Amarrados unos a otros y rellenando los huecos de maleza, se podía pasar con sumo cuidado. Con menos de un metro de anchura, había que hacer equilibrio y no pocas veces alguien se precipitaba al agua. (yo mismo cuando bajaba de Laroya andando a ver a mis familiares de Olula, al bajar la “pisá del caballo” y próximo al Molino de Aureliano, cruzaba una pasarela y enfilaba la vereda donde había una fábrica de hielo y muchísimos parrales, hasta llegar a la Calle “El Pilar”)(Hoy está el colegio de Primaria Trina Rull y el Polideportivo Don José Juan Rodríguez).

    Un hecho, nos puede dar a conocer la peligrosidad de estos pasadizos que eran sólo los que existían antes de la construcción del puente. Acaeció un lamentable suceso, que muestra el riesgo que suponía este paso. Frente al llamado “Royo de Macael”, próximo al cortijo del actual “manzano”, un anciano dedicado a poner  de anea los culos de las sillas deterioradas, fue  en busca de estas plantas que se encontraban al otro lado. Su mala fortuna, le hizo caer al río y, aunque no había excesiva profundidad, no pudo salir de ella y al día siguiente lo encontraron muerto sobre el agua, bien por ahogamiento o por el rigor del frío invernal.

    Otra vez el poeta DIEGO SABIOTE, que cantara en verso las desgracias de Macael, volvió a plasmar en un poema el dolor por la pérdida desgraciada de esta persona apodada, con perdón “El Tío Pichas”.


     

                    


     

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