miércoles, 1 de enero de 2014

MEMORIA HISTÓRICA: CRIMEN FRANQUISTA EN EL “CERRAJERO”

 


Recopilación de datos: Juan Sánchez.


Aclaración: Para escribir esta página negra de nuestra reciente historia he estado varias horas en la biblioteca Villaespesa de nuestra Capital. Hace referencia  a un crimen de postguerra acaecido en la sierra de Laroya, (Cortijo del Cerrajero). Olula del Río también formó parte de este triste suceso. Como el autor (Rafael  Cid Ruiz, natural de Tahal) localiza este paraje en  su pueblo, yo, nacido y criado en Laroya, se que pertenece a mi término municipal.
Buscado en Google dice:

    “Cortijo del Cerrajero”: El cortijo con el nombre de Cerrajero constituye un cortijo en el municipio de Laroya de la provincia de Almería, España, con su área circunscrita en el código postal 04868, a una altura sobre el nivel del mar calculada en unos 900  metros, comprende un total de dos tramos, uno con numeración impar y uno con numeración par, con su área dentro de la única sección censal con número uno, dicta unos 7 u 8 Km. del centro geográfico del pueblo de Laroya en la zona centro.
    Por tanto, Rafael Cid Ruiz o está equivocado o quiere atribuir a su pueblo un hecho histórico que acaeció en otro. Pienso que fue lo primero.

S U C E S O:

    Juan Martínez Duarte, “el Chato”, como se le conocía en la sierra, fue asesinado salvajemente por las tropas franquistas en la Sierra de Los Filabres.

Estaba casado con María Rubio Guerrero. Tenían ocho hijos, normal en aquella época, porque hacían falta para trabajar en el campo y poder sacar así las casas adelante.
Los hijos eran: Antonio, Luis, Juan, Ramón, Matilde, María, Carmen e Isabel Martínez Rubio. Vivían en calidad de aparceros en el cortijo del Cerrajero.

    El día 30 de marzo de 1.939, las personas de derechas de la sierra bajaron a la estación de Fines- Olula del Río para dar la bienvenida a las tropas rebeldes franquistas. Cuando bajaban a Olula vieron  en el Collado del Río abandonado el coche del Comité Central, un Fiat Balilla, informando de ello a los militares franquistas. Esto les hizo presagiar que Cayetano Martínez Artés (Gobernador Civil y Presidente del Comité Central) y dos más del Comité estaban emboscados por la zona.

    Pronto  se inició la operación de búsqueda. Empezaron peinando la pedanía de Los Chopos (Tahal).

    El día 31 de marzo de 1.939 sobre las cuatro de la madrugada, sale de Olula un grupo de unos 40 regulares marroquíes, al mando de militares españoles y en busca de Cayetano Martínez. Se dirigen nuevamente a Los Chopos(Tahal) para registrar cortijo a cortijo.

    Alguien dijo que Cayetano estaba escondido en el Cortijo del Cerrajero (Laroya) y allí se dirigieron los militares. Les acompañaban como guías Trinidad Martínez González “don Trino”, médico de Tahal y B.R. de Olula del Río, amén de  otros muchos falangistas de Laroya, Tahal, Macael y de Olula del Río, cuyas iniciales quiero obviar. ¡Hasta parientes alejados míos! Cuando divisaron el cortijo, B. R. se volvió intuyendo que la intención de las tropas iba más allá de registrar el cortijo. El ánimo de venganza y revancha flotaba en el ambiente. Se mascaba sed de destrucción y muerte.

    Con los primeros rayos del alba, las tropas tomaron  posiciones y rodearon el cortijo. El Teniente J. Ruiz tocó a la puerta diciendo:

    “-Abran la puerta a las tropas de Franco-”

La familia que dormía tranquilamente con el silencio de la sierra, se despertaron sobresaltados con aquellos fuertes y repetidos golpes sobre la puerta.

    Juan Martínez estaba casi sordo, no oía bien. El militar insistió:

    “-Abran la puerta a las tropas de Franco-”

    Juan, al fin, se asomó por una ventana y al ver a aquella gente tan rara, preso del pánico no se le ocurrió otra cosa que disparar al aire por la ventana dos tiros de escopeta para ver si se asustaban y se iban.

    Los militares abrieron fuego con una ametralladora “alfa del calibre 7,92” deshaciendo la puerta en astillas, tirando a continuación una bomba de mano sobre la entrada. Mientras los otros militares disparaban hacia todas las ventanas, los moros asaltaron el cortijo, ante el griterío y el horror de aquella familia. Todos fueron obligados a salir a la calle. Nada quedó por registrar; sacaron los mulos, el ganado de ovejas y cabras. Cayetano no apareció por parte alguna.
La emprendieron entonces con Juan Martínez. Los moros le golpeaban brutalmente; culatazos de fusil, patadas, golpes, insultos,….la jauría no cesaba. Todo en presencia de su mujer y sus hijos. También estaba presente Don Trino, médico de Tahal, que  no había ido allí precisamente para curar. Presenció el macabro espectáculo y aquella espeluznante escena.
Juan, mientras estaba siendo machacado, le decía al médico que era al único que conocía de toda aquella gente:

    “-Don Trino, ¡sálveme usted!, don Trino, por caridad se lo pido, que me matan-”

     El médico, que dos días antes había dejado de ser republicano, no dijo nada, tampoco nada hizo para salvar aquel hombre de una muerte segura ya que le estaban matando; solo callar y mirar. Juan Martínez fue machacado a golpes hasta la muerte en presencia del médico, de su mujer y de sus hijos. Lo enterraron más abajo del cortijo con un montón de piedras. Los mandos militares pensaron que era mejor desenterrarlo. Entonces con una soga fue atado a un mulo de los suyos y llevado arrastrando por todos aquellos cortijos para aterrorizar y advertir a los demás cortijeros lo que les podía pasar si no cooperaban con ellos y amparaban republicanos en sus moradas. Acercaron el mulo hasta la carretera y con una nueva y más consistente cuerda ataron el cadáver a un camión arrastrándole por Macael y Olula para seguir aterrorizando a la población y para que esta colaborara con ellos. Una vez en Olula, Juan fue colgado por los pies en un árbol de la Plaza del Ayuntamiento y hay quien asegura que le decapitaron y que los moros usaron la cabeza como balón de fútbol. Así permaneció un par de días. Sus familiares no saben que hicieron después con el cuerpo de Juan y a día de hoy desconocen su paradero. Otros  autores (Eusebio Rodriguez Padilla y Juan Torreblanca Martínez), afirman que “después de tres días, -los falangistas-encargaron a dos hijos de rojos J.G.M. y T.T., que lo enterraran en el Cementerio  Viejo”. El resto de miembros de la familia fueron maltratados de manera brutal e inhumana según testimonio del sacerdote F.S. Esta buena familia quedó destrozada y traumatizada desde aquella fatídica noche-madrugada del día 31 de marzo de 1.939.

P.D. Que en paz descanse Juan Martínez. Su actual familia creo que ha perdonado aquellas atrocidades que nunca debieron ocurrir.


Base  Documental: “Memorias de Malos Tiempos” de Rafael Cid Ruiz.

                                Internet en el Buscador Google.

                                 
 República, Guerra Civil y Franquismo. OLULA DEL RÍO 1.936-1.939 de Eusebio Rodríguez Padilla y Juan Torreblanca Martínez.
   


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