miércoles, 1 de enero de 2014

LA LEY SECA EN OLULA DEL RIO



    Transcribe: Juan  Sánchez.


    En los años veinte en nuestra Comarca y a rebufo de la “Ley Seca” aprobada en Estados Unidos e implantada el 1 de Julio de 1.916 en 24 Estados de la Unión, creció la repulsa hacia los consumidores habituales de bebidas alcohólicas (el vino primero y el aguardiente después) hacían las delicias de nuestros antepasados. Para conseguir los líquidos embriagadores se recurría a toda clase de peripecias: fabricación casera, industrias clandestinas, antros de corrupción, etc, etc.

    Las autoridades sanitarias se esforzaban con campañas publicitarias de la época e incluso equipos médicos convocaban actos públicos para exponer las funestas consecuencias para quienes se convertían en asiduos y habituales consumidores y por el riesgo que ello conllevaba para la salud y para la sociedad.

    En nuestro pueblo se perpetuaba la extendida costumbre de consumir famosos y sabrosos vinos en las tertulias que se formaban antes del almuerzo, situación que se repetía por la noche después de finalizada la jornada de trabajo.

   Arribó a Olula el equipo médico. Los oradores desde el balcón del Ayuntamiento pondrían de manifiesto las graves consecuencias de un ininterrumpido consumo de vino que propiciaba el incremento de alcohólicos, necesitados de asistencia sanitaria para desarraigar el vicio.

    Se anunció “a  bombo y platillo” que el acto se celebraría en la Plaza del Ayuntamiento (hoy Los Bancos), desde cuyos balcones se producirían las arengas médicas de tan distinguidos oradores.

    La convocatoria dio el resultado apetecido. La Plaza se llenó de tantos espectadores  y curiosos que pretendían conocer las anunciadas y funestas consecuencias de quien a diario degustaba tan sabrosos mostos.

    Escucharon pacientes las primeras intervenciones. Cuando le correspondió disertar al más famoso de los interlocutores, este tomó la palabra y con potente voz, acompañada con mímica atrayente, repetía aquellas concretas expresiones que tendían a que se renunciara a seguir bebiendo. Agotados sus argumentos, se dirigió a las masas para  hacer el siguiente razonamiento:

  -“ ¡ Y en esto, hasta los animales nos dan ejemplo ! Y si alguien no lo cree que haga la prueba: haceos de dos cubos; uno lo llenáis de vino y otro de agua. Llevad allí al mas animal de todos los animales, a un burro. Lo ponéis  delante de los dos cubos y observad que, despreciando el que olía a repugnante vino, metía su cabeza en el cubo de agua y lo bebía y saboreaba gustoso con expresivos movimientos de orejas y rabo. ¿ Por qué…?  ¿Por qué….?

    Una también potente voz surgió del populoso auditorio y respondió así a la pregunta:

    -¡Por eso! ¡Porque es un burro!

    La unánime carcajada del público seguida de un cerrado aplauso hizo también sonreir a los que ocupaban el Balcón del Ayuntamiento. El más veterano de los ponentes, convencido de las dificultades evidenciadas para que el auditorio aceptara la pretendida llamada a suprimir tan arraigado consumo se aproximó a la baranda, alzó ambas manos y, no sin grandes esfuerzos, logró el apetecido silencio para anunciar el fin de aquel acto con estas inteligentes palabras:

    -Bueno, si seguís bebiendo, hacedlo con moderación y con tapas-

    A gusto de todos se dio final a la incidencia, llegando a terminar, incluso, con una moderada invitación al equipo de antialcohólicos que, en realidad, sólo combatía los excesos.




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