miércoles, 1 de enero de 2014

HIJOS DE OLULA DEL RÍO

ÁNGEL ROZAS SERRANO FUNDADOR  DE COMISIONES OBRERAS. 
            


           Ángel Rozas Serrano nació en Olula del Río (ALMERIA) muy cerquita de Macael, el famoso pueblo que según Angel “tiene el mejor mármol del mundo, mucho más que el de Carrara”. Así debe ser. Porque sabe de lo que va el paño (perdón, el mármol) al haber trabajado allí, en las canteras, cuando era niño chico. Andando el tiempo volvió al pueblo que le vio nacer para recibir la alta distinción que le dedicó el Ayuntamiento de Olula del Río, nombrándole Hijo Predilecto. Todavía vivía su compañera Carmén.

    Con  muy pocos años, en 1.943, la familia parte para Barcelona, siguiendo ese recorrido –a golpe de carbonilla de aquellos trenes- en busca de mejores oportunidades. Y Angel se va haciendo un hombre, trabajando a todo meter. Hasta  el punto que siempre explicó que “había aprendido a leer debajo de una luz  del farol de la esquina”.
Entre 1.947 y 1.949 aparece vinculado a las Hermandades Obreras de Acción Católica. Pronto lo expulsan no sabemos si es que el joven Rozas no sabía el Credo de memoria o no se santiguaba convenientemente.

     Así las cosas, nuestro Angel se mete en la CNT, que tampoco le dice nada. Sus ideas van en otra dirección: encuentra el PSUC, en puertas de la gran huelga general de los tranvías (Barcelona año 1.951), y con sus amigos de Tarrasa se acerca a una gran manifestación que cubre las Ramblas de Barcelona hasta llegar al Puerto. En 1.954 es ya orgánicamente miembro del PSUC. La cosa le costó un Consejo de Guerra y los correspondientes años de prisión en el Penal de Burgos. Allí iba la abnegada Carmen Giménez Tonietti, su esposa, a llevarle el paquete y los correspondientes materiales clandestinos. Carmen no pararía de llevar paquetes de comida a todas las cárceles habidas y por haber. Corre el rumor –no convenientemente documentado- de que los flanes que Carmen llevaba a la Modelo de Barcelona provocaban irascibles contiendas entre un mozuelo y el veterano sindicalista Pedro Hernández en un conflicto generacional cuyos rasgos no están suficientemente historiados.

    En su día es elegido enlace sindical y vocal nacional del ramo de la Construcción. Estaba, como miles de compañeros, aprovechando los cauces legales existentes.

    Ángel forma parte de la generación fundadora de aquel movimiento de trabajadores, Comisiones Obreras. Una generación que tuvo dirigentes de la talla de Cipriano García, Luis Romero, Antonet Martí Bernasach, Agustí Prats,….. Y, como fundador de aquel movimiento, ninguno de los pasos que se dieron le pillaron al margen, ni a trasmano.

   Angel Rozas era el hombre de la síntesis, un mediador nato entre las diversas corrientes que siempre existieron en Comisiones Obreras. Cedía en lo accesorio para ganar en lo fundamental del debate. Sus compañeros oponentes siempre le trataron con afecto y respeto. Uno y otro no venían solo ni principalmente de su combatividad; era, en especial, de la claridad y pedagogía de sus planteamientos. Era, también, la ternura que siempre inspiró un hombre muy bajito, muy bajito de estatura física. Y de cuerpo quebradizo que parecía que se iba a partir en un momento dado. Pero ¡cá! aquello era una roca de padre y muy señor mío: puro mármol de Carrara; perdón, de Macael.

    Los distintos avatares de la lucha antifranquista – varios juicios en el Tribunal de Orden Público pendientes – le llevaron a aceptar a regañadientes (¡el partido tuvo que cuadrarle!) su salida clandestina hacia París. Desde luego allí era más útil que pudriéndose en la cárcel.

    En la capital francesa Ángel forma parte de la delegación exterior de Comisiones Obreras (DECO), - una especie de “embajada oficiosa”- organizando la solidaridad con las luchas obreras y estudiantiles de finales de los sesenta. Y allí tejió una potente red de relaciones con los sindicatos de todo el mundo. En cierta ocasión Ángel Rozas y Cipriano García se entrevistaron con el Embajador del Vietnam del Norte a quien le entregaron cincuenta mil pesetas (de la época, claro) que habían recaudado de los centros de trabajo de Barcelona y su cinturón industrial.

    En resumidas cuentas, Ángel Rozas es la historia del sindicalismo confederal catalán y, en la alta parte que le corresponde, Comisiones Obreras. Un humanista a carta cabal. Un hombre que miraba el futuro con sus ojos un tanto traviesos. Un veterano que de cuando en vez, acostumbraba a hacer picardías, por ejemplo, atravesaba adrede la calle cuando el semáforo estaba en rojo provocando la estupefacción de sus parciales y la ira de los conductores. Pues bien, este amigo nos recibía en su casa. Seguro que siempre habría cánticos –El ejército del Ebro, Bella ciao, L´exércit popular, Bandiera Rossa, La bien pagá, Corazón partío y otras- y todos menos el homenajeado libábamos nuestras copitas de orujo. Porque in oruxo, veritas. (Tertuliano, Operae Variae).

     Este escrito lo dedico a los familiares de Ángel en Olula del Río. Les recuerdo que fue un gran honor  para mí saludar personalmente a este líder sindical cofundador del sindicato Comisiones Obreras. Hoy ya no está con nosotros, DEP.      

                                                                   GRACIAS      



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