miércoles, 1 de enero de 2014

EL MILAGRO DE SAN ILDEFONSO


Autor:  D.  Francisco  Jiménez  Casquet.    Q.E.D.


   En una víspera de San Sebastián o San Ildefonso, se producía la procesión de las carretillas. Las irreverencias al Santo, con los saltos y bailes de los portadores de la imagen, eran tan exageradas que proporcionaban la risa y el sarcasmo de todos los acompañantes.

   Después de saltar varias hogueras encendidas entre la Iglesia y el comienzo de la Cuesta del Tío Tobías, estaba situada otra lumbre sobre la rampa formada en su parte alta izquierda, según la marcha, y una casa con alzado solo de planta baja y con cubierta de terrado, situada en la parte derecha. En aquella época muchas casas carecían de tejado y la cubierta se formaba con capas de una tierra impermeable de color gris azulado que denominábamos “terrados” y que también eran utilizados en casas con cubierta de teja para formar el techo de las dependencias destinadas a cuadras y servicios.
   En Olula esa tierra impermeable se conocía con el nombre de  “tierra arroya”, cuyo nombre no viene en el diccionario, sin que sepa cual sea su exacta denominación en la nomenclatura mineral pero que al fin y al cabo creo que es igual a lo que vulgarmente se conoce con el nombre de greda. Para identificar esta tierra impermeable usada como cubierta en los terrados nos basta señalar que tal producto se encuentra exteriorizado en una amplia zona del Cerro de la Fuente situado en la margen derecha del Río Almanzora frente  al lindero Sur del pueblo de Olula y cuya prolongación hacia el Poniente termina en la célebre “Piedra Ver de Olula” que es signo característico del entorno y que completa el paraje que se divisa desde las alturas de Cuesta Blanca con fondo en blanqueada Sierra de las Canteras de Macael, cuya Piedra es un símbolo inequívoco de aquel lugar que ahora, según nuestras noticias, ha sido destacado con una original iluminación cuya instalación y gasto ha costeado el ayuntamiento de Olula, con la colaboración de la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía.

    Volvemos a nuestro relato sobre la Procesión de “Las Carretillas” que dejamos cuando llegaron al lugar descrito antes de enfrentarnos a la casa del Tío Tobías. Los portadores de la imagen de San Ildefonso la posaron en el suelo para esperar a que las llamas permitieran saltar la hoguera sin riesgo para los que portaban las andas. Mientras tanto, los portadores de la imagen se dedicaban a beber y a bailar con tanta intensidad que ya iniciaban un andar “haciendo eses”, presagio de la borrachera en que estaba sumida la mayor parte de la concurrencia.

   En el momento cumbre, los santeros agarraron las andas portadoras de la imagen. Y tomando carrera, entre denso humo y no menos vivas y relucientes llamas, cruzaron  la hoguera con un vertiginoso salto para evitar quemaduras.
   Siguieron corriendo cuesta abajo, como era la costumbre, hasta que fueron detenidos por alarmantes voces de los acompañantes que decían:

   -“!!! Que se ha caído el santo ¡!!     -“!! Que no va sobre las andas ¡!!

    Supieron, pensando con lógica, que al saltar la lumbre la tuerca que unía la peana a las andas  se había aflojado como consecuencia de los saltos, lo que propició que la imagen se deslizara en el momento de cruzar la hoguera, cuyo intenso humo impidió la visión del Santo.

  Presurosos volvieron hacia la lumbre y con los propios palos o tizones de la hoguera que aún no se habían terminado de consumir y los grandes garrotes de que muchos eran portadores, empezaron a buscar la imagen entre las llamas.

   ¡Todo fue inútil!  ¡Allí no estaba! Ni tampoco en todos los contornos que procuraban iluminar con los residuos de ramas aún encendidas, porque ni existía el alumbrado público, ni aún se habían inventado las linternas. La búsqueda se hacía inútil.
   En tal momento alguien, preso de miedo, lanzó un agudo grito diciendo:

   -“!Milagro!  “!Milagro!-

   El pánico se generalizó tal vez porque, no tranquilas sus conciencias, pensaban que el Santo había desaparecido de manera sobrenatural, pata librarse de las irreverencias.
   No sabían que hacer. Formados en pandillas seguían buscando infructuosamente.
   Pronto cundió la noticia por el pueblo. Y aquella noche de alegría se convirtió en noche de tragedia y de malignos presagios por la creencia generalizada de que el milagro se había producido.
   Las andas y la cruz volvieron a la Iglesia. Sus portadores pusieron buen cuidado en no despertar al señor Cura, para impedir sus reproches.
   Muchos, o casi todos los sabedores del hecho, no durmieron en toda la noche.
   Pero, con las primeras luces del día, llegó la noticia de lo realmente sucedido:
   Efectivamente: la tuerca que unía las andas con la peana de la imagen, debía estar floja. Y al saltar la hoguera también saltó la imagen, que a la mañana siguiente fue encontrada sobre el terrado de la casa contigua, mirando al cielo, esta vez, seguramente pidiendo a Dios que el suceso sirviera de lección, para conseguir que, al menos, se mitigaran las irreverencias. Lo que aseguró que, si acaso, sólo se conseguiría por el periodo en que vivieran los que fueron protagonistas del suceso, pues pasados los años, fui testigo de que durante la Procesión de “Las Carretillas” se seguían haciendo con la imagen de San Ildefonso las mismas perrerías que se han descrito al relatar la historia que antecede.

 Del libro “La vida de Olula del Río en los años 20” de …

…..  D. Francisco Jiménez Casquet, abogado nacido en Olula del Río  (Noviembre de 1.913), en la Plaza de los Bancos, y muerto en Granada el año…?


Dedicado a todas las personas que gustan de “tan singular” fiesta.

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