miércoles, 1 de enero de 2014

EL FÚTBOL



 
TRANSCRIPCIÓN DE: Juan Sánchez



Apareció este apasionante deporte (entonces solo para hombres), a través de los estudiantes cuando disfrutaban de vacaciones allá por el año 1.924-1.925. A un  balón de cuero se le daban feroces patadas con el riesgo evidente de cargarse los cristales de las casas colindantes, incluso los del propio Ayuntamiento.

    Por justas reivindicaciones de los vecinos afectados, pronto hubo que trasladar su práctica fuera de la localidad; lo que entonces era el extrarradio, concretamente al paraje denominado “Las Eras”. Era un campo de tierra y estaba situado concretamente al terminar el Barrio de la Loma, entre la acequia y el camino de Huitar, donde hoy, poco más o menos está levantado el Colegio Antonio Relaño, camino de la Venta donde se cogían las diligencias con dirección a Baza hacia el Poniente o para ir a Albox en dirección Levante.

    Nuestro primer campo carecía de cerca que lo limitase. Todo el mundo podía ver gratis el espectáculo y a fe de nuestros antepasados, pronto hizo las delicias de chicos y grandes. La chiquillería lo practicaba en cualquier calle o plaza con improvisadas pelotas de trapo y con porterías señaladas con dos gruesas piedras, formando dos bandos que, sin orden ni concierto, se dedicaban a dar patadas a diestra y siniestra.

    El equipo titular de la localidad pronto atrajo el interés del vecindario que acudía a animar a los suyos especialmente cuando venía algún equipo visitante de la comarca. Haremos referencia de jugadores destacados de esta época: el portero Paco Acosta que era el indiscutible portero titular por méritos propios; también hemos de referirnos a Paco García por su habilidad como delantero centro y la dureza de la defensa formada por Daniel Acosta y Paco “El Redondo”.

    Lo cierto es que las contiendas, que se disputaban los domingos, frente a otros equipos de pueblos cercanos, atrajeron el interés y la presencia de nutrido público, que acudía a alentar al equipo local. Consiguió rotundos y constantes éxitos frente a sus rivales, principalmente contra los de Purchena.

    El equipamiento, siempre igual, estaba formada por pantalón negro hasta la rodilla, camiseta blanca ribeteada, calcetas al uso de la época y el calzado más apropiado que se podía encontrar para estos menesteres.

    Las porterías, aunque con marco de madera, estaban desprovistas de red, por lo que muchas veces, para contabilizar un gol, había que acudir al testimonio del público situado detrás de ellas.

    Ocurrió lo que tenía que ocurrir. Se jugaba un partido en contra del Purchena. El público local cantó ¡¡GOL!! (que no se había producido, porque salió rozando el poste).
Un destacado seguidor del Purchena para burlarse de la afición local, se colocó el dedo pulgar de la mano en la nariz desplegando el resto de los dedos a modo de trompeta. Tal fue la indignación y la furia de la concurrencia que para evitar el apaleamiento corrió a todo correr donde tenía su mulo y dando un salto tipo Oeste americano desapareció como una centella en dirección de Purchena.

    Bien es verdad que las decisiones habían de ser tomadas por un árbitro; casi siempre, don Joaquín Vilar, contable de profesión y residente en Olula, gran amigo de las actividades de la juventud, ya en él pasada. Su fama de hombre formal y justo, avalaba confianza e imparcialidad. Su arbitraje siempre era aceptado por los equipos rivales.

    No había retribuciones económicas de ninguna clase. La ilusión y el orgullo de defender los colores locales hacía que los jugadores pusieran todo su esfuerzo y entrega para vencer al rival. Ellos se pagaban la equipación, los desplazamientos cuando jugaban fuera, la compra de balones y la gaseosa de bolilla que consumían en el descanso para refrescarse.

    Quede, pues, constancia de que la juventud de Olula del Río inició en aquella época la práctica del deporte rey. Entonces se estaba extendiendo por España. Contaba ya con equipos punteros: Atletic de Bilbao, el Español de Barcelona y el Real Madrid. Ya había nombres tan destacados como Ricardo Zamora, Monjardín, Alcántara y los hermanos Regueiro.

    Los locales, no sólo dieron a nuestros convecinos días de gloria por sus felices actuaciones, si no que también proporcionaron a nuestro pueblo el medio de entretener los días de fiesta, procurando llevar lo más alto posible el nombre deportivo de Olula entre los pueblos de la Comarca.



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