miércoles, 1 de enero de 2014

BENEFICIOS QUE ALMANZOR DIO A NUESTRA COMARCA DEL MÁRMOL

 
Texto adaptado por Juan Sánchez.


    Macael y Olula, dice la leyenda, prosperaron a causa del paso de Almanzor, pues aunque ya no se dice si volvió o no por esta comarca a su regreso de Barcelona, nunca olvidó a su amada cristiana, en recuerdo de la cual y de la hospitalidad de sus habitantes dio instrucciones para favorecerlos.
Hizo reparar todos los daños de la tormenta. Reconstruyó toda la vega a ambos lados del Almanzora. Reconstruyó las viviendas afectadas. Aumentó el alumbramiento de aguas. Se formaron los pagos de Quaytar, Guit Mayor y Aynazaya. Hizo que viniesen nuevos colonos, introducindo, al no querer hacer esclavos a sus moradores, el sistema de aparcería, dándoles a los cultivadores los secanos a medias o sea medianeros. Las tierras de regadío, se cedieron mediante un contrato, beneficiándose el arrendatario de la tercera parte de sus frutos.

   También mandó edificar una fortaleza sobre la peña que se denominó “de Ver de Olula”, es decir, la atalaya, donde se vigila desde Olula, para defensa del lugar, guarneciéndola con un regimiento y así proteger el camino hacia las canteras, las cuales, habían tenido gran importancia durante el Imperio Romano y fueron casi abandonadas en la dominación goda y visigoda, para volver a explotarse intensivamente y adquirir un éxito esplendoroso con los árabes. Proveyó con sus ricos mármoles la ornamentación de la maravillosa ciudad de placer, Medina al-Zahra y sus deslumbrantes jardines, que acababan de edificarse en la vertiente meridional de la sierra de Córdoba por Abd al-Rahman III. Los alarifes (canteros y técnicos en trabajar y tallar la piedra) de Macael y Olula eran mimados por Almanzor. Estos artesanos residieron en Medina al-Zahara durante largas temporadas para tallar y colocar basas y capiteles de mármol blanco, como pies y cabezas, en los fustes de alabastros de colores, a las  tres mil columnas de la nueva Medina. Allí se impregnaron de la filosofía vital de la corte más sabia del mundo, el Califato de Córdoba.

    Otra vez en nuestra Comarca, diremos que erigió un pueblo para alarifes (canteros), cuyos restos aún existen, hoy denominado Macael Viejo, que, al carecer de terrenos cultivables debido a lo agreste del paraje, a la sazón poblado de espesos bosques, se abastecía desde las huertas reconstruidas y ampliadas en las riberas de los ríos de Macael y Almanzora. Con ello fundamentó el bienestar de sus habitantes y abrió el camino de sus famosos mármoles, que ornamentaron palacios y villas por todo Al-andalus. La existencia, evolución, crisis auge,….de estos dos pueblos, de una manera u otra, siempre permaneció unida.


Aclaración: Hay otra  versión sobre el origen del nombre del Río Almanzora y su protagonista Almanzor. La que yo escribí en Facebook, Almanzor no consiguió hacerse con el amor de de la cristiana y se la llevaba cautiva y a la fuerza a Córdoba frustrando el río sus propósitos al morir ahogada.

    Otro autor nos dice que hacia el año 984-985, pasó este caudillo árabe por el valle de los Filabres, descansó con sus huestes en una pequeña aldea de la comarca del mármol, siendo cortésmente agasajado por sus moradores.
Entre tanto agasajo, se prendó de una joven cristiana mozárabe, parte de cuya familia era muladí. Ella cantaba dulces tonadas en las fiestas con que obsequiaban al general, quien ofreció a sus padres 14.000 dinares para hacerla suya, precio que a la sazón solía pagarse por una esclava. Pero la doncella rehusó, con donaire para no ofenderle, aludiendo que jamás por dinero entregaría su corazón, pero sí, por amor, sería esposa y esclava.
    Con esta respuesta Almanzor se llenó de tan amorosa melancolía que no pudo por menos que retrasar su partida hasta enamorar a su amada. De nada sirvieron las amonestaciones de los imanes cordobeses que reprochaban la unión con una cristiana y, pudiendo más su amor que los convencionalismos religiosos, la hizo su esposa demorando unos días la partida para saborear plácidamente la felicidad en brazos de su amada. Reanudada la marcha, se la llevó consigo hacia Córdoba. La brutal e inesperada crecida del río acabó con el idilio del moro. No pudo hacer nada. El río se tragó a su querido amor, arrastrándola brutalmente aguas abajo y desapareciendo en medio de bravísimas, turbulentas y aterradoras aguas.

    Parece que esta versión está más de acuerdo con las atenciones que a posteriori Almanzor tuvo con la creación y reparación de infraestructuras de regadíos, fortalezas,
un pueblo solo para alarifes (primer polígono industrial de la Comarca), acequias, molinos, norias,….. ¡ El amor lleva a los hombres a actuar de esa manera ! y a nuestros tatara, tatara, tatara, tatarabuelos les vino de perlas este romance. Les arreglaron los bancales, nuevos manantiales de agua, acequias, molinos harineros, etc, etc, sin gastar ni un euro… ¡digo ni un dinar!











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